viernes, 3 de marzo de 2017

35. ¿SÓLO UN SUEÑO? De Juan Galopante


Mucha gente, mucho ruido, mucho movimiento, poca calma.
La ciudad se asemeja cada vez mucho más al caos del universo.
Coches que vuelan, personas absortas en lo suyo
mirando pantallas que creen les transmiten algo,
sin reloj, sin tiempo, sin edad y casi sin vida,
un mundo regido y adueñado por la tecnología.
En el año 2070 todos seremos absorbidos por ella,
nos controlará aún más cuerpo, mente y alma,
ordenará y regulará nuestras sensaciones y sentimientos,
será el Gran Hermano que nos vigila a todas horas.
Sigo viendo seres pasivos, inmóviles como piedras inertes
que no hablan ni escuchan porque no saben lo que es eso,
que no sienten ni padecen porque han dejado de ser humanos.
Contemplo en la lejanía una niña con un oso de peluche.
Se comunican y hablan como si fuera el mejor de los amigos
porque los robots han invadido el espacio de los compañeros,
porque las personas tienen miedo a comunicarse de nuevo.
El cielo está gris, apagado, afectado por la ingente contaminación,
no se ven pájaros ni cigüeñas volar entre sus nubes,
la oscuridad es tanta que ni siquiera pasan los aviones
y es que esto parece un mundo descuidado y destrozado
donde hombres y mujeres parecen autómatas sin alma,
donde la resignación ha vencido a la esperanza, a la oportunidad,
donde el color verde de los campos no existe porque ya no hay campos,
donde el arcoíris es un fenómeno de tiempos ya pasados,
donde ni llueve ni nieva, donde no hace ni frío ni calor,
donde el mundo gira en dirección contraria al Gran Sol,
donde la comida sólo se consigue presentando una tarjeta,
donde el trabajo es tan especializado que ya pocos trabajan,
donde la riqueza se suele medir en años y meses vividos
porque la ruina total golpeó con fuerza a este lugar hace tiempo.
Sin gobiernos, sin políticos, sin banqueros ni chupatintas,
sin fronteras ni naciones ni países ni regiones ni culturas;
todos parecen tan iguales que asusta hasta acercarse a ellos,
todos parecen haber sido concebidos en el mismo laboratorio.
¡Qué pesadilla más rara y absurda creo que estoy teniendo ahora!
Me despierto inquieto, nervioso, alterado y asustado como nunca.
Mirando mi terminal contemplo que son ya las tres de la mañana.
Hoy es doce de marzo del año dos mil treinta y cinco, un día más.
Me queda solamente una hora para dormir y luego al tajo de nuevo.
Las ciudades empiezan a verse demasiado extrañas y diferentes.
Quizá mi sueño no lo sea y esa visión del mundo sea real del todo.
Quizá esa ciudad no esté tan lejos como a mí me parece ahora.
Quizá ese mundo se esté ya construyendo sin nosotros saberlo.
Quizá aún no sea demasiado tarde para poder cambiarlo.

Seudónimo: Juan Galopante

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