viernes, 3 de marzo de 2017

36. CAMINANTES. De Rossana Luna


Sudorosos y optimistas,
al atardecer seis caminantes
se dirigen a la casa en el desierto.

Ignoran que cada paso los aleja de la vida
para sumergirlos eternamente en la casa del dolor.

Distantes ya del camino,
el ambiente se enrarece de silencio aterrador.
Quisieran desandar lo andado…
(Es tarde para retroceder).

Los perros comienzan a agitarse,
se quisieran devolver:
no resisten tan tétrico paisaje:
de chamizos un tapiz,
de frío aire, soledad en la casa
tiritando bajo el cielo gris.

Pero una fuerza extraña los impulsa a continuar.
Con la voluntad temblando, avanzan hacia la oscuridad.
Oyen intensos lamentos y el aullar absurdo
de almas atormentadas, de inentendibles murmullos.

Son cadenas que se sueltan,
que golpean, que se arrastran;
son mil ayes que se estrellan,
son respiraciones largas los fantasmas de la casa.

De pronto una lucha infernal
transforma todo en misterio.
Sigue rodando el tiempo…
Se acerca la madrugada
y el silencio vuelve a reinar,
como si nada pasara.

La gente del pueblo dice
que el espanto se ha aumentado
desde que seis caminantes
en la casa se adentraron.

Que vagan extrañas sombras
en destierro pidiendo ayuda.
Sienten angustia y duda:
Los andantes jamás volvieron.

Por eso tienen miedo de hablar,
por eso el pueblo es desierto:
le temen a los espectros, a la casa y a los perros,
y con  justificada razón, a los caminantes ni los nombran.

Seudónimo: Rossana Luna

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