viernes, 10 de marzo de 2017

54. LE CONDUCIRÉ AL INFIERNO. De Zinc


Sale fuego por sus fauces,
que abiertas, me quieren devorar,
enorme dragón sobre ruedas,
al que parezco estorbar,
pasa a mi lado, tapándome el sol,
estruendoso caballo de Troya,
¿quién se esconde en tu interior?,
el mismo diablo, te forjó
y sacó de sus propias entrañas,
el corazón que te ofreció.

Por qué vienes por mí,
engendro infernal,
qué es, lo que te hice,
me quieres aplastar,
como un mosquito acabaré,
pegado en tu cristal.

Tropiezo y me caigo,
grito y no me oigo,
yo mismo me acorralo,
cierro con fuerza los ojos,
prefiero no verlo;
unas fauces me tragan,
despiden un gran hedor,
pero ya no siento nada,
de mí, se desvaneció,
el miedo, la vida, el dolor.

Abro mis negros ojos
y descubro sin alarmarme,
que estoy metido de lleno,
dentro de mi pesadilla,
un gran volante de cuero,
tengo delante de mí,
nos unen unas cadenas,
que nunca podré romper,
aunque sí, maldecir,
me atropelló mi destino,
un destino compartido,
con esta mole de hierro
que ahora conduciré,
que consume negras almas,
que cruzaron ante él;
el depósito lleno de ellas,
el viaje, va a durar
y en su camino al infierno,
aunque tardemos mil años,
                                           yo, le he de guiar.

Seudónimo: Zinc

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