domingo, 12 de marzo de 2017

63. ETERNA FICCIÓN. De Gabriel Boyero


Preso de zombies fue mi cuello
hasta que un duende me llevó
a rastras, apagando mi cabello.

Succionó mi entera alma;
mis ojos, mi piel y mi memoria
se las malvendió a un monstruo
que de mi sangre se vanagloria.

Arrojada fue mi alma al averno,
renació con alas de fénix de madera
para perpetuar el invierno
y revivir gárgolas, pegasos, quimeras.

Surcando ya las nubes me detuve;
acompañé en su ruta a los dragones
en conquista del hogar del Leviatán,
rompían con la fuerza de mil napoleones,
lluvia de ascuas fugaces color azafrán.

Tocó fondo marino mi ala pesimista,
se deshizo como papel en agua mi pena;
el Kraken se merendaba a un nihilista
y buscaba en mí su cena.

De huir tan deprisa del inmenso calamar,
mi ala izquierda se transformó en aleta,
avisté cercana tierra firme tras el mar
con un color más en mi paleta.

Extasiado pisó la playa
mi miedo, ya extinto;
las sirenas ya no eran peces,
se disfrazaba de sangre el vino tinto,
Teseo y el Minotauro hacían las paces
y se enamoraban del laberinto.

Yo regresé a mis pulmones,
tomé de aquel monstruo mis entrañas,
dejé de sangrar a borbotones,
me ajusté bien la corbata, los botones,
quemé en mi techo las musarañas.

Nuevo verbo para una nueva acción,
nueva tela para la misma araña,
nueva realidad para mi eterna ficción.

Seudónimo: Gabriel Boyero

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