lunes, 22 de mayo de 2017

15. CONVERSACIONES BAJO LA MESA. De Catulo


El puntero nunca se movía. Intacto permanecía bajo la mesa. El tablero estaba escondido. La abuela lo había ocultado para que ninguno de mis amigos se pudiera mofar de esas cosas tan respetuosas. Mis amigos eran muy educados y jamás se habrían burlado de nadie, pero esa tarde teníamos ganas de jugar. Como por arte de magia hallaron el tablero y debajo de la mesa nos pusimos manos a la obra.
Era simple. Las reglas estaban claras. Nos situábamos dos a la derecha y dos a la izquierda. Unos hacían preguntas, otros contestaban de manera estrafalaria montando un conjunto de sinsentidos, que hubieran provocado paranoia a cualquiera que lo hubiera leído. Pero lo que de verdad hizo especial esa tarde fue la llegada de mi abuela, que decidió jugar con nosotros. Era la primera vez que hacía el juego de la copa conmigo, por eso me extrañó, siempre me había dicho que ese juego no era cosa de niños.
Ya estábamos terminando cuando mamá me llamó:
-¡Alfonso!-.
-¡Estoy en la cocina, mamá!-.
Mi madre, que me conocía perfectamente, se acercó y levantó el roído mantel negruzco que mantenía la mesa en pie.
-¿Ya estás otra vez aquí? ¡Venga! ¡Termina de vestirte! Nos tenemos que ir al hospital. La abuela está malita. Tranquilo, no es nada...-.
Me levanté y sonreí "a mis amigos". Mientras yo me iba a mi dormitorio, mamá veía boquiabierta como ellos movían el puntero debajo de una mesa vacía.

Seudónimo: Catulo

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