miércoles, 10 de mayo de 2017

2. UNA NOCHE EN EL MUSEO. De Amalio


A su paso por los cielos de Córdoba, la Luna Llena aguzó su mirada y no pudo contener una sonrisa: bajo los arcos de medio punto de la galería del Museo correteaba el Cervatillo de Medina Azahará. La diminuta figura de bronce detuvo su loca carrera frente a la estatua de Afrodita, cuyo mármol relucía bajo la blanca luminosidad lunar.
- ¡Madre Afrodita, despierta! - el Cervatillo sonaba apremiante.
- ¡Pero Cervatillo! ¿Qué estás haciendo por aquí a estas horas? – la diosa reprimió un bostezo -  Ya deberías estar durmiendo en la Sala de al-Ándalus...
- Eso hacía, Madre Afrodita - gimió el Cervatillo – ¡Una pesadilla me despertó!
Afrodita experimentó tanta ternura por ese animalito desvalido que, de haber conservado sus brazos, lo habría estrechado fuertemente entre ellos.
- ¡Ay, pequeñín! ¿Y por qué no intentaste volver a dormirte, en lugar de salir a correr por el Museo como un desaforado?
- Intenté hacerlo, Madre Afrodita, pero no pude - musitó el Cervatillo, con voz apenas audible - ¡Era un sueño espantoso!
La diosa lo contempló conmovida: aquel pequeño cuerpo, cuyo bronce parecía haber empalidecido, se estremecía en un continuo temblor.
- Ven aquí - lo invitó con dulzura - Puedes dormir conmigo esta noche...
- ¿En serio, Madre Afrodita? - el Cervatillo no podía creer lo que estaba oyendo.
- Por supuesto que sí. ¿Tengo cara de estar de broma?
Ni lerdo ni perezoso, el pequeño buscó refugio entre los monumentales muslos.
- ¿Ya te sientes mejor? - preguntó Afrodita - Bueno, entonces, ahora puedes contarme cuál es esa pesadilla tan terrible. Dime, Cervatillo ¿qué fue lo que soñaste?
- ¡Ay, Madre Afrodita! - respondió el otro, plañidero - Soñé que el poderoso Dios Mitra quería clavarme su puñal en el cuello, igual que al toro, y yo... ¡ni siquiera tengo cuernos para defenderme! 

Seudónimo: Amalio

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.