lunes, 15 de mayo de 2017

8. EL TORBELLINO. De Longobardo


En los archivos de mi parroquia, se guardaba un antiguo manuscrito con relatos de procesos de brujas. Describía a personas como la vieja Jerónima, viviendo en una choza, junto con un cuervo y dos gatos negros. Un día, Jerónima halló a una chica en el bosque que "caminaba sin dejar huellas, sin siquiera tocar el suelo con los pies". Si Jerónima fuera una mujer piadosa, encerrada en una celda del convento, su visión hubiera sido clasificada como celestial… ¿Pero una mujer desamparada que ve fantasmas, lo que podría esperar? La picota, la tortura, tal vez el fuego...
Estaba estudiando el manuscrito, una noche de invierno, en la sacristía desierta. Me tomó un trago de sueño, sin falta perdí la noción del tiempo. Me encontré solo en la iglesia, en la primera luz de la mañana. Entró una mujer atraendo mi atención. No sé por cual razón la seguí, saliendo a la calle cubierta de nieve. Era una vieja mujer de hacer agradable, su nombre era Teresa, una experta en pociones, sabía hacer caldos y tónicos, había conocido a Jerónima y se ofreció a acompañarme en el campo, hasta el lugar de la aparición. No era fácil caminar en la nieve alta, derretida por el sol y luego endurecida por el frío de la noche. Mis pies estaban mojados y fríos. De repente, un torbellino apareció, asumiendo la forma de una chica etérea, demacrada, fría, cubierta de una larga camisa blanca, un lazo rosado en su pelo largo, pies desnudos fuera de la nieve. Me quedé paralizado por la sorpresa. Cuando me giré, Teresa había desaparecido. El torbellino se desvaneció, la niña diáfana desapareció. Una pequeña cinta de color rosa flotaba en el aire. La agarré. Distante, inalcanzable, veía el bosque de robles y los tejados de la ciudad, con sus torres y campanarios, cubiertos por la nieve.
La mañana, me despertó el sacristán. Yo estaba con la cabeza apoyada en la mesa. Una cinta rosada, húmeda y descolorida, estaba apoyada contra el lado del libro, en el punto que describía la visión de Jerónima.

Seudónimo: Longobardo

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