sábado, 3 de junio de 2017

23. VIDA. De Mara


Curvó crónicamente su cuerpo durante varios segundos. El movimiento continuo y de forma ascendente le permitió superar la fuerza de gravedad e impulsarse hacia arriba, saliendo a la superficie. El aire lo envolvió. Reptó y se arrastró durante varios minutos por aquél terreno húmedo e irregular, sin perder de vista le meta a la cual se dirigía. Tenía el cuerpo débil y bastante golpeado. Cada centímetro de suelo que dejaba atrás se cobraba un poco de su energía. Las raíces, el humus y todos los elementos constituyentes del terreno por el cual se arrastraba, parecían afirmarse a él sujetándolo e impidiendo que avanzara. Contra todos los pronósticos continuó hasta dar exitosamente con la pronunciada elevación que se desplegaba frente a él. Eligió uno de los extremos, el menos pronunciado, para iniciar su recorrido de forma ascendente. A medida que avanzaba, la pendiente se volvía más articulada. La dificultad en el traslado aumentaba, al igual que el miedo por perder la compostura y caer. Pronto, divisó la cima. Con las últimas energías de las cuales disponía, se arrastró hasta la cumbre y rodó hasta dar con un sector más blando y ahuecado que el resto. La superficie era rojiza y laxa, y parecía ser lo suficientemente profunda como para resguardarse durante un buen tiempo. Repentinamente comenzó a oír golpes y estruendos, que muy rápidamente se volvieron más claros y cercanos. Un fuerte golpe se descargó sobre él: lo estaban atacando. El impacto lo desestabilizó e interrumpió su ingreso al hueco protector. Un segundo embate aún más violento que el anterior lo embistió y quebró su cuerpo en dos partes. La agresiva fuerza lo arrancó de la empinada elevación y arrojó con violencia hacia la húmeda superficie, para luego cubrirlo pesadamente y por completo hasta extinguir su vida.
El policía retiró su bota de la húmeda tierra atestada de insectos en la cual se había hundido, al tiempo en que gritaba con desesperación el nombre del forense y quitaba con ambas manos los cientos de gusanos que cubrían las heridas abiertas y sangrantes de la muchacha que yacía tendida y desnuda sobre aquel patio trasero, asesinada.

Seudónimo: Mara

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