sábado, 3 de junio de 2017

24. EL ENCUENTRO. De Niadán


"Apenas faltan cinco minutos para la medianoche. Entonces tocarán fantásticamente las campanas de la iglesia y sus graves ecos recorrerán las calles sin nadie que los oiga excepto yo. El vacío de las ruinosas casas vibrará presa de la maldición. Habrá llegado el momento. La temperatura desciende paulatinamente y no consigo dominar el temblor de la mandíbula.  A mi alrededor, furiosas ráfagas de viento arremolinan impetuosas las hojas secas levantándolas con rabioso gesto del suelo mientras las copas de los árboles, en frenético vaivén,  recortan la  inquietante negritud celestial. Sólo quedan tres minutos. Va a venir. No en vano pronuncié su nombre según la temible fórmula ancestral arrodillado sobre una estrella de cinco puntas que pinté con la sangre del carnero. El olor silvestre de las flores se oculta ahora tras un agrio hedor repulsivo y desde cada rincón me siento escrutado por alguna figura que cruzase fugaz. Un minuto. Quizás no suceda nada fuera de mi perturbada imaginación y,  finalmente, en este pueblo abandonado de la comarca de Uzruk  la noche no sea tan distinta a cualquier otra invernal y solitaria noche de noviembre".
Cuando las campanas iniciaron el lóbrego tañer,  su cuerpo fue súbitamente elevado en el aire y retorcido en imposibles contorsiones hasta que desapareció desintegrado, devorado por  horribles sombras cambiantes. Su último alarido coincidió con la duodécima campanada. Después todo quedó sumido en un tétrico silencio: el encuentro se había consumado.

Seudónimo: Niadán

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.