domingo, 18 de junio de 2017

35. EL SECRETO DEL GATO. De Marlon C. Lewis


Las formas de una lámpara se esbozaron en mi cerebro. Debía encontrarme en una cama de un lugar desconocido en donde el techo resplandecía. También podía oírse un ruido monótono, lento y pausado como paso de tortuga. Ese ruido sí me sonó conocido, mas estaba como cuando bebo demasiado y no pude identificarlo de inmediato.
 Me pregunté dónde estaba; no recordaba cómo había llegado a ese sitio, y me sentía tan débil. Mi boca se movió de manera involuntaria, como si la pregunta en mi cabeza pugnara por salir a toda costa. Me percaté de que tenía un tubo conectado, y hasta pude sentir el sabor a goma. Por otro lado, el aire olía fuerte y nada agradable, de un modo tal que pude percibirlo aun en mis condiciones. Eso me llenó de terror, y éste creció cuando intenté moverme. El sonido pulsante se aceleró de pronto, y me recordó el que hace un camión con la reversa puesta. La única parte de mi cuerpo que se movió fue mi cuello.
En la cama cercana a la mía había una persona de rostro irreconocible. Tenía vendas y estaba tan rodeada de instrumentos, cables y tubos, que era horroroso. Del otro lado de la cama había una señora sentada. El rostro de esta última regeneró mi memoria y me sentí recuperado, o por lo menos durante un instante. Era mi esposa, aun cuando había envejecido mucho, sus ojos estaban rojos e hinchados, y tenía grandes ojeras.
–¡No! –grité sin emitir sonido cuando comprendí el significado de su presencia. Me pareció como si mis ojos intentaran salirse de sus órbitas–. ¡Mi niña no, coño!
El golpe fue demasiado duro. En mi pecho se instauró un dolor insoportable, como si un enorme peñasco me lo comprimiera. Mi respiración se hizo casi imposible. Mi vista se oscureció rápidamente. Y los pitidos cercanos a mí se fueron alejando a la vez que se estiraban como una liga.
–Tranquilo, hombre… si sólo llevas diez minutos en el simulador de vidas –dijo mi amigo Esteban y me sonrió cuando abrí los ojos de nuevo; otra vez tenía dieciséis años y aún poseía otros seis turnos.

Seudónimo: Marlon C. Lewis

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