miércoles, 21 de junio de 2017

42. EL COLECCIONISTA. De Izel Hanifah


Esa tarde, bajo el camuflaje que le ofrecía la lluvia, se robó de un mercado la novena muñeca. Llegó a su casa y organizó rápidamente su pequeño quirófano. Había tijeras que harían de bisturí, silicón en pistola que supliría las suturas, y semillas de alpiste, que rellenarían cual vísceras y sangre. Primero, las acomodó a todas por sus nombres en orden alfabético. De Ana, cortó el cabello, largo y rizado, aunque éste no olía a lavanda. De las siguientes tres, Daniela, Elena y Gaby, cortó respectivamente brazo derecho, brazo izquierdo y ambas piernas. A Karla le sacó los ojos, unas hermosas canicas color esmeralda. La ropa sin dudarlo se la quitó a Mariana, le encantaba ese vestido morado. El tórax y el abdomen serían de Olivia, ya se las arreglaría para hacerle el ombligo saltón. Luego, a Pilar le recortó labios y orejas, para nunca olvidar aquella noche en que no podía callarse y él no podía dejar de escucharla. Finalmente Silvia, ella daría la cabeza, como lo hizo en la vida real. El hombre duró toda la noche cosiendo, pegando y rellenando, quería que fuera perfecta, una muñeca que simbolizara en forma fidedigna los últimos ocho meses de su vida. A las seis de la mañana, la muñeca sólo tenía en el pecho un área de cinco centímetros sin coser, le faltaba lo más importante. Ese toque final lo daría Zoe, cuyo corazón tenía veinticuatro horas inmóvil, esperando en el refrigerador. Ahí en la cocina terminó su obra maestra, la abrazó, la besó, y luego la dejó en una silla pues aún quedaba un pequeño cadáver por enterrar. Bajó al sótano y descubrió aterrado que las cadenas estaban sueltas, el cuerpo de Zoe había desaparecido. Sintió náusea cuando se apagó la luz del sótano. Estaba inmóvil, sólo las palpitaciones corrían veloces. Escuchó pasos descendiendo la escalera, y entonces las vio. Diez pares de ojos brillantes lo acechaban, todas estaban ahí, pálidas y nauseabundas. El hombre ahogó un grito cuando escuchó hablar a la muñeca recién terminada, en brazos de Zoe.
—Buenos días Don José, venimos a que nos enseñe su colección…

  Seudónimo : Izel Hanifah

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