domingo, 25 de junio de 2017

44. EN ESTADO PURO. De Meduseld Valle


Heltam Tobe sufre nuevamente un dolor de cabeza del demonio. Cuando ésta comienza a galopar, todo se vuelve gris, pesado y multiforme, como un cuadro de Hidra con pinceladas de suspiros de ballenas y analgésicos en acuarela. Ve danzar puntitos luminosos sobre un enmarcado diploma de amnésico escrito en criptografía.
Se escucha un ruido seco en el rellano. La campanilla no llega a emitir sonido, está muda como en lóbrega mañana de difuntos; los perfumes del cerrojo inician una carrera desde la escalera; el tacto es sulfuro de amarillo doliente; la consciencia duerme un mundo desgranado en cuentas de un collar que ascienden hasta la mirilla. Sombras, vapor y silencio. Su oreja se pega a la puerta hasta conseguir un entrelazamiento cuántico. Ya es madera, ya es metal, ya es la nada en el miedo y el acre baile del eco. Algo falla en su entendimiento. No coordina, y cuanto más piensa, más patina. La llamada, sin respuesta ni siquiera de contestador, deja una rendija abierta por la que el frío aprovecha para entrar, ausente de caricias de viento, solo un abatimiento espectacular de frigorías que le sigue por el pasillo hasta el dormitorio.
Su cuerpo ya no está expuesto y comienza a entrar en calor. ¡Qué poderes de traje de superhéroe tienen las ropas de la cama! Aun así, el sueño no viene. Sus ojos se acostumbran a la oscuridad. El galán es un mueble, el ropero no cruje, los cristales de la ventana, tampoco. Ningún faro en la noche proyecta sombras fantasmagóricas. Llega el sosiego y piensa que es un estúpido.
Estira los brazos y se gira para buscar el cojín que abraza contra su pecho cada noche. Cuando da con él, sus pies se topan con unas piernas peludas, brotadas no sabe hace cuánto tiempo, pero intuye que llevan un buen rato a su lado. Mientras un aliento fétido le azota la cara, las garras de un Ser monstruoso separan del cuerpo del señor Tobe el dolor de cabeza, tal vez para poder monologar con su cráneo por los siglos de los siglos. Eso pasó, o no; ¡quién sabe, el miedo busca trofeos tan raros, aunque estén defectuosos!

Seudónimo: Meduseld Valle  

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