martes, 18 de julio de 2017

102. MUERTE CELESTIAL. De Turkesa


La escena del crimen es exquisita y perfectamente propicia para esclarecer el homicidio. La silueta del detective deja entrever un sombrero "sherlockholmesiano" que arranca sonrisas a quienes no lo conocen. Sus sospechas se confirman.
Los tres cuerpos inertes, en el suelo de la habitación, hablan de amor y desamor, de razones y sin razones: dos que se abrazan desnudos sin el mundo a su alrededor. Adulterio. Inesperada llegada. Rápidos pensamientos para una escapatoria. Escasez de tiempo. Crimen. Suicidio.
Debe verse muy rápido porque todo cambia mágicamente. Ahora el sitio se asemeja a un campo desolado, con tres cuerpos inmóviles. Sus sospechas se disipan.
De repente, no queda nada. No se pueden reconstruir los hechos sin escena, sin arma homicida, sin culpables, sin testigos, sin cuerpos. Todo se va transformando con la misma prisa que llevan las nubes en su afán de recrear, en el cielo, lo que ocurre en la tierra.
A lo lejos, comienzan a aparecer las figuras de dos galeones españoles; seguramente cargados de algún tesoro robado en cualquiera de los mares cercanos. Se aprestan para el combate. Nadie puede predecir cuál saldrá victorioso…, si antes no se hunden.
Contemplar las nubes es una maravilla para la imaginación. Siempre fue un juego divertido. Ahora es mi fuente de inspiración y de misterios. Todo lo que quiero mi naturaleza me lo ofrece. Solo hay que saber percibirlo.

Seudónimo: Turkesa

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