viernes, 21 de julio de 2017

107. MATIKKA. De Mediana


Matikka lamió la oscuridad y el mundo brotó de su saliva. Al principio se divirtió agitándolo, contemplando cómo surgían continentes y explotaban los volcanes, pero se aburrió pronto. Para mitigar el tedio, decidió crear primero una raza de gigantes. Los gigantes de Matikka eran ambiciosos y querían vivir en el cielo. Luchaban unos contra otros y competían por ver quién construía el monumento más colosal. A Matikka sus cabellos le producían cosquillas en los pies y hacían temblar la tierra con sus iras y sus palabras como abismos. Matikka se cansó y los durmió para siempre, convirtiéndolos en montañas. A continuación decidió crear una raza de enanos. Los enanos de Matikka eran mezquinos y desconfiados. Creaban túneles para esconderse los unos de los otros y ansiaban la vida eterna. Sus cuchicheos maliciosos hacían que le doliera la cabeza y se aterró cuando halló a uno de ellos hurgándole el ojo mientras dormía. Matikka se hartó y los durmió para siempre, convirtiéndolos en gotas de lluvia. Desde entonces decidió dejar el mundo como estaba. Sin embargo, no tardó mucho en descubrir que la tierra ahora la poblaban unas criaturas ni grandes ni pequeñas. Pensó que tal vez las había creado en un sueño y se asustó tanto que decidió abandonar el mundo para esconderse en un rincón del universo.

Seudónimo: Mediana

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