viernes, 21 de julio de 2017

110. ELLOS. De Phi


Frío, agua, el canto de los pájaros. ¿Estaba muerta? Debería estarlo. ¿Por qué continuaban los pájaros  cantando después de algo así? Completamente ajenos a la tragedia ocurrida hace tan sólo unas horas, o puede que minutos, quien sabe, a quien le importa. Abrió los ojos en lo que parecía un vertedero, el olor a sangre impregnaba el aire y sus ropas, o a lo que quedaba de ellas, unos rayos de luz se filtraban a través de las nubes, pero apenas conseguían traspasar la espesa negrura que despedía el ambiente del callejón, parecía que ni la luz se atrevía a ver qué había ocurrido.
No era culpa suya. No lo era. Ella sólo pasó por el callejón equivocado, en el momento equivocado. No iba tan borracha, estaba volviendo a casa. Lágrimas anegaron sus ojos. Era culpa de ellos, sólo de ellos. Ellos le hablaron, ellos le gritaron, ellos la engañaron. Ella se había defendido. Oyó pasos y luces, coches, luego vio a personas, no conocía a nadie, la gente la miraba; no, miraban más allá, detrás de ella, a los cuerpos. Intentó hablar, pero no salió nada de su reseca garganta. La gente se acercaba y ella tenía miedo.
Entonces ellos le volvieron a hablar, mátalos, le decían, mátalos, pero nadie más parecía escuchar, ella era la única que oía esos susurros, esas voces agónicas, la estaban volviendo loca, la habían elegido, y ella no hacía más que cumplir con sus exigencias para acallarlos.

Seudónimo: Phi

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