sábado, 22 de julio de 2017

111. CAPUCHINO DE MEDIA MAÑANA. De Christopher Acuarela


El café ya estaba listo, pero lo dejaré reposar. Siempre me gustaron las vistas al océano. El haberme trasladado a esta casa ha sido una excelente idea. Como todo privilegio hubo sus inconvenientes pero mereció la pena. Mientras me preparo en la cocina una receta especial-un plato nuevo que nadie ha probado- enciendo la televisión. Desaparecidos en las calles de la ciudad- dicen las noticias. Serían unos acontecimientos verdaderamente preocupantes si no pusieran al minuto posterior el resumen deportivo. Ahora me empiezo a percatar de que pronto florecerán los cerezos del jardín, quizás sea adecuado hacer un pícnic con algunos vecinos y que observen mis cualidades culinarias. Pocos individuos los valoran. La comida esta lista y el capuchino templado. Los más modernos lo llamaran "brunch" pero nunca he sido un tipo abierto a los extranjerismos. Pronto llegará la visita y me pillará comiendo. Mejor así. Desde mi balcón observo a los vivos caminar por la playa sin ninguna preocupación, como si la vida fuera siempre idílica. ¿A quién no le parecería perfecta tomando este café viendo el océano? Finalmente mi invitado entra en casa con su llave. Es un joven de trece años. Es un poco más mayor que en las fotos de esta vivienda. Me lo esperaba. El adolescente pregunta extrañado:
—Señor, ¿Dónde está mamá?
Estaba esperando este momento. Sin mediar una palabra le muestro mi receta especial que estaba comenzando a degustar. El joven se queda inmóvil al ver el contenido del recipiente, como supuse, pero por si le quedaba alguna duda le respondo:
—En el plato.

Seudónimo: Christopher Acuarela

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