sábado, 22 de julio de 2017

113. EL SALTO DE ÁNGEL. De Yanomami


Aparté los pocos muebles de mi salón y corrí la hoja de cristal que me separaba de una maravillosa vista, a ocho plantas sobre el duro suelo. Desplegué mis alas y al batirlas rozaron el techo. El viento que producía provocó un revuelo de papelinas y ceniza. Mis pies descalzos se despegaban del suelo, rozando tan sólo las puntas de los dedos.
Me situé sobre la barandilla a duras penas, con la ayuda de una silla. Sólo las plantas de mis pies sentían miedo y mandaban señales al resto de mi cuerpo en forma de un cosquilleo frio, como un corte de papel. Desde hacía un tiempo ya no seguía las señales que me guiaban por el buen camino. Los caminos inexplorados no las tienen y yo me había propuesto llegar donde no había llegado nadie. Por eso, en lugar de frenarme, ese miedo me dio más fuerzas para saltar.
Planeé por los dorados campos de julio, casi a ras de las secas hierbas, mientras las chicharras callaban al paso de mi sombra. Disfruté planeando sobre los ríos, sintiendo el calor del Sol en mi espalda y el frescor del agua en mi cara. Con el dedo índice pintaba culebras. He visto nacer buitres en los picos más altos, a las ballenas despertar en transparentes y perdidas calas y a las cebras perder sus rayas en la noche.
Esta maravillosa transformación se veía venir desde hacía meses. Había dejado de sentir interés por las mujeres, por mi familia. Me iba volviendo invisible para la gente. Ahora lo comprendo. Esa pérdida de peso tenía su razón de ser. Necesitaba ser ligero para poder volar.
Ha llegado el día en el que ya estoy preparado para el gran viaje. Me había aprovisionado de una gran cantidad de polvo de estrellas. Parece mentira como esta agua, que parece salir de un sucio charco, me volverá a transformar en lo que en realidad soy: una persona que ha decidido no moverse entre los vivos, no seguir el guion de una obra que no ha escrito. Mientras bombeo sangre gris en mis castigadas venas, mis ojos se entornan y dejo de sentir el dolor de los mortales, vuelo.

Seudónimo: Yanomami

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