martes, 25 de julio de 2017

124. EL PEQUEÑO GENIO. DE Vian


A los tres meses de nacido ya le brillaba un diente en la sonrosada encía. Habló cuando cumplió seis meses de edad, y aprendió a leer al año de vida. El mote de "El pequeño genio", se lo ganó por haber devorado varios libros de Instrucción General, y entre ellos, hasta el Psicoanálisis de Anna Freud. Era preciso en sus respuestas, sabía el nombre del inventor de la imprenta, y se daba el lujo de conocer de memoria el nombre más largo del mundo. En tres años seguidos se dedicó a devorar Revistas de Moda y libros condensados del Reader's Digest. La familia inició el animoso proyecto de incluirlo en el libro Ginness. El niño, entonces de cuatro años, se opuso a decisión tan repentina, aún deseaba devorar más libros, nada más fácil para él. Así pues, inició su apetito insaciable con La Teoría de la Relatividad, de Einstein, siguió con El Origen de las Especies, de Darwin, El Capital, de Marx, La Psicología Genética, de Jean Piaget y La Estética, de Georg Lukács. Fue curioso con La Fenomenología del Espíritu, de Hegel, y masticó con furia y desencanto La Crítica de la Razón Pura, de Emmanuel Kant. Quiso llorar, mas su impotencia por no poder digerir aquel cúmulo de papel quemante, le obligó a tragar más de prisa. Al final, cuando quiso venir la asfixia, su padre hubo de darle golpes en pecho y espalda para salvarle la vida.

Seudónimo: Vian

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