martes, 25 de julio de 2017

126. S/T. De El Ráptor


Las piernas le temblaban mientras se ahogaba por la interminable carrera. Detrás, entre gritos y algunas risas, le perseguía casi la mitad del pueblo, y todo por su curiosidad.
A Tom siempre le dio curiosidad y algo de envidia aquellos a los que preparaban para el viaje. Al cumplir los 18 años algunos miembros de la comunidad eran vestidos con las prendas mas resistentes y les empaquetaban las mas finas. Les daban dinero, herramientas, una cantimplora con un caldo especiado,  de excelentes propiedades del farmacéutico del pueblo y un mapa de aquellos terrenos al oeste que habían mas allá del bosque. Harían historia. Era la manera de ir mas allá del horizonte, un deseo que todos los jóvenes tenían, ir mas allá.
James, el chico que le levaba dos años, aquel al que siempre acompañaba a cualquier sitio, al que admiraba y envidiaba en secreto, y contra el que competía sin poder ganar nunca, le toco ser el único viajero de su quinta.
Tom miró a escondidas entre arbustos como se iba camino arriba seguido de otros tres hombres. Mientras todo el pueblo los despedía. Los siguió hasta que llegaron a un claro en el bosque donde por sorpresa golpearon al chico y lo llevaron a rastras hasta echarlo en un charco negruzco. En farmacéutico salio portando un largo bastón con un cuenco en el extremo. Tom se incorporó un poco y vio que del charco sobresalían brazo y piernas, oscuros y deformes que intentaban agarrar el bastón que usaba para sacar parte del líquido con el que llenaba las botellas del caldo especiado, aquel que repartía en común con todo aquel pueblo donde nunca hubieron ancianos.
Una rama rota fue suficiente para delatarlo y hacerle correr bosque adentro, por su vida. Ahora todos le perseguirían para convertirlo en un viajero más, otro que desaparecería y al que los niños admirarían.

Seudónimo: El Ráptor

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