miércoles, 26 de julio de 2017

129. EL LAGO MISTERIOSO. De Salomé


Lucía y sus padres aprovechaban los días primaverales para pasar la jornada al aire libre. Siempre con el mismo ritual, la niña se acercaba lentamente a la orilla del lago. Contaba treinta y tres pasos y se detenía. Luego se asomaba a sus enigmáticas aguas frente a las cuales gesticulaba y agitaba las manos mientras mantenía largas conversaciones consigo misma. Su soliloquio era divertido por momentos y exasperado en otros. Saltaba emocionada, reía y extendía sus manos al frente mientras su vestido de organdí blanco se agitaba. Era su vestido para los días especiales.
Sus padres, siempre pendientes de su única hija, cuchicheaban en voz baja. Aquel día se cumplían cuatro años, tres meses, dos semanas y un día desde el fatídico accidente. Nunca habían vuelto a hablar de aquel trágico suceso en presencia de su hija.
Lucía comenzó a agitar las manos con gran alborozo y entusiasmo.
-Mira Fernando, ¿a quién estará saludando nuestra hija con tanta excitación?, dijo Elvira. Ambos se miraron con incertidumbre. Se incorporaron con premura y en silencio. Se acercaron de puntillas hasta situarse detrás de Lucía. No podían creer lo que veían sus ojos. Allí estaba su reflejo, en las aguas del Xochimilco. Era Marta, su otra gemela.Las figuras de las dos gemelas estaban perfectamente perfiladas, con sus vestidos de organdí, sus calcetines cortos de hilo y sus zapatos de charol negro. Solo se diferenciaban por el color del lazo que adornaba sus cabellos anillados. A Lucía le gustaban los lazos rojos y a Marta, de color verde. La cruz del panteón familiar que estaba junto al lago ya no se veía reflejada en las aguas. Ante los ojos aturdidos de sus padres, Lucía se dejó arrastrar hacia las profundidades del lago por unas pequeñas manos arrugadas y amarillentas. El vestido blanco de organdí de Marta había perdido el apresto de antaño y sus zapatos ya no brillaban. Lucía se fue sumergiendo lentamente en aquel fluido arcano, mientras gritaba con algarabía : -¡Has tardado demasiado en venir a buscarme ¡Por fin, juntas para siempre!

Seudónimo:  Salomé

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