miércoles, 26 de julio de 2017

130. LA COLONIA. De Miroslav Yosefsson


Me llamo Ondracheg y nuestra colonia ha sido olvidada. Gracias a las plantas nocturnas y a la cría de ácaros hemos podido sobrevivir durante estos tiempos de oscuridad. Nuestra población ha sido diezmada por una epidemia inexplicable. Al llegar a la adolescencia, nuestros jóvenes se tornan pálidos y conversadores. No paran de hablar, no duermen, no quieren descansar. Se suben a botes para retirarse hacia las grandes enredaderas a tertuliar, a relatar cuentos y a cantar. No comen, no beben. Perecen al cabo de narrar un centenar de historias. En la colonia, permanecemos los viejos. No hablamos, no nos miramos y solo queremos dormir. Hoy me concentro en transmitir con mi mente atrofiada este pensamiento con la esperanza de ser recibido por algún ser vivo en este mundo.
Me llamo Sara y anoche soñé con un ser diminuto. Se encontraba agobiado debido al olvido de su colonia y de una pandemia en la cual los jóvenes morían por hablar demasiado. Por el contrario, los mayores de esa civilización vivían aislados y carecían de energía vital. Hoy amanecí decidida a limpiar mi jardín. Corté algunas flores para colocarlas en un tiesto. Arranqué malas hierbas del huerto. Destapé unos tiestos cerca de la pérgola. Noté enredaderas y un charco en donde encontré una pequeña isla de musgo verde.
Hoy salió el sol en la colonia. Nuestras pieles se tornaron verdes como en los tiempos de mayor salud. Muchos chicos regresaron en los botes para comunicarnos la alegría de poder ver el sol brillar de nuevo. Ya no eran tan habladores, pero las tonalidades verdosas de sus rostros nos trajeron felicidad.

Seudónimo: Miroslav Yosefsson

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