miércoles, 26 de julio de 2017

136. LOS HOMBRECITOS DEL MUSEO. De Los hombrecillos del museo


Un fogonazo verde en el horizonte fue el preludio de la batalla que Juano debía luchar sin saberlo. La luz fosforescente  aún impregnaba su retina como un cañón que vomitaba  luminiscencias verdosas, cuando cumplió con la rutina de los martes: Visitar el Museo de Bellas Artes.
El muchacho nunca supo explicarse la sensación que había experimentado esa tarde al recorrer la exposición.
No olvidaría ese tercer recinto, dedicado a un pintor llamado Horacio Quintana. Una de sus obras llamó poderosamente su atención. Leyó el nombre de cuadro: "Rodando sobre palabras". Representaba a unos diminutos seres lóbregos, que giraban alrededor de un cañón grisáceo. Sintió como su piel se irisaba cuando percibió el color verde que como un fogonazo los iluminaba.
Esa noche durmió mal, empezó a hablar cambiando las letras y olvidando el significado de las frases.
Desesperado, intentó memorizar palabras, números, pero era inútil. Volvió al museo una semana después. Se acercó al cuadro con lentitud, esta vez pudo ver de nuevo como los personajes pintados se le acercaban despacio, creciendo hasta que los tuvo frente a sus ojos. Se acercó todo lo que pudo e intentó verles la cara pero estaban de espaldas. Gritó.    
Los guardias intentaron calmarlo mientras llegaba la ambulancia, sin embargo  él, se deshizo de ellos, para correr enloquecido calle abajo, golpeándose la cabeza con las manos, sintiendo que los diminutos seres se dirigían,  con sus dientes puntiagudos,  ahora  a su cuello. Había llegado al final de la batalla.

Seudónimo: Los hombrecillos del museo

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