jueves, 27 de julio de 2017

139. EL ÚLTIMO BUS. De El último bus


En su cerebro se conectaron los átomos de la alarma. Paralizó sus músculos y puso su respiración en modo pause. Durante unos cuantos minutos se quedó en aquella postura incómoda, hasta que decidió hacer un simulacro de movimiento con el brazo que tenía en alto.
Pero apenas inició el más leve intento, volvió a sentir la presión que la tenía paralizada. No se atrevía a volver la vista atrás. En el cielo oscuro, se iniciaron una serie de relámpagos que venían a poner el broche macabro a tan desesperada situación.
Dos truenos de considerable carga de decibelios, chocaron entre sí, para acto seguido, soltar a boca jarro una gélida lluvia que impactó sin la menor consideración sobre el cuerpo de Justina.
Tanta descarga de energía por parte de la tormenta, vinieron a poner a la muchacha en el disparadero, de modo que salió corriendo como alma que lleva el diablo y se fue a refugiar bajo la marquesina de la parada del autobús.
Desde allí, Justina pudo observar que una enorme zarza que sobresalía por el muro que cerraba el cementerio, se bamboleaba como un ala rota al azote del viento y la lluvia que en aquel momento jarreaba sin consideración alguna.
Justina pasó de la tembladera de cuerpo y la rilera  de piernas por el miedo a una desternillante carcajada que produjo un gran susto al conductor del vehículo que en aquel momento pasaba por allí, que no paró, sino todo lo contrario, aceleró al máximo su coche,  pensando que un habitante del cementerio se había escapado y estaba esperando su “último bus”.

Seudónimo: El último bus   

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