viernes, 28 de julio de 2017

140. EL REGRESO. De Clepsidra


Aquella noche, al descender del auto, para abrir el portón de mi casa, sentí que algo no estaba bien. Había un silencio sobrecogedor y las hojas parecían  estar inmóviles,  en sus ramas.
Luego  comenzó un sonido escalofriante  que se asemejaba a un aliento entrecortado y finalmente percibí un olor fétido.  Tomé el volante, para introducir el coche en el garaje  y fue entonces, cuando me pareció percibir una sombra entre los árboles.
En ese momento se apagaron las luces y todo quedó en la más absoluta oscuridad. Encendí el motor y avancé lentamente.
Frente a mí,  a la luz de los focos, pude observar unas garras filosas que flotaban en el aire y se me acercaban lentamente. Aterrada, subí las ventanillas y cerré los ojos.
Al abrirlos, creí ver  que  una enorme sombra negra saltaba sobre las garras y se trababa en lucha. Se escucharon golpes, gruñidos y aullidos, durante un tiempo que me pareció interminable.
Finalmente, todo quedó en silencio. Las luces retornaron y pude ver claramente la silueta y la mirada leal de mi perro Hércules, mi mejor amigo,  fallecido hacia pocos días, quien  había traspasado las fronteras del   Hades solo para protegerme, una vez más…

Seudónimo: Clepsidra

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