domingo, 30 de julio de 2017

145. PASOS EN LA NOCHE. De Dama de Blanco


Los apresurados pasos de Lucas rompían el silencio de la noche. Su rostro estaba empapado por las lágrimas y de su labio inferior brotaba un hilillo de sangre escarlata. Su cuerpo entero se encontraba adolorido y maltratado y no estaba seguro de poder encontrar algún lugar seguro en donde refugiarse. No era la primera vez que su padre lo maltrataba, aunque nunca antes había huido después de la puesta del sol.
Con sus casi nueve años de edad, había aprendido a que era mejor salir a jugar al patio de su casa cuando sus progenitores comenzaban a beber de las botellas de vidrio que él tenía prohibido tocar. Sin embargo, aquella noche hacía demasiado frío y había optado por quedarse dentro de su casa. Ahora, lamentaba haber tomado esa decisión.
Los recuerdos se arremolinaban en su mente y le causaban una horrible opresión en el pecho. Volvió a ver un vaso de agua resbalando entre sus dedos, escuchó los gritos y el sonido del cristal haciéndose trizas contra el suelo. Sintió el dolor agudo del primer golpe contra su coronilla al que siguieron muchos más. No estaba seguro de cómo había podido escurrirse entre las manos como garras que lo sujetaban, pero una vez que encontró el camino hacia la calle había sido fácil escaparse del monstruo que se apoderaba de su padre bajo los efectos del alcohol.
Sus pasos lo guiaron hasta el cementerio que rodeaba a la pequeña catedral del pueblo. Aunque su familia no era religiosa, la perspectiva de dormir bajo techo esa noche resultaba tentadora. Se armó de valor y pasó corriendo entre las tumbas. Ya era lo bastante grande como para creer en fantasmas, pero la idea de un montón de cuerpos pudriéndose bajo la tierra lo espantaba.
Rompió a llorar desconsoladamente al encontrar cerradas con cadenas las puertas de la casa de Dios. Las golpeó en vano durante muchísimo tiempo y finalmente se quedó dormido para siempre, hecho un ovillo en las escaleras de piedra de la iglesia.
Los vecinos aseguran, que por las noches frías, aún se lo puede oír llorar.
Seudónimo: Dama de Blanco

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