domingo, 30 de julio de 2017

146. LAS BRUJAS DE CALLE OCHO. De Oskar


Un martes en la noche iba yo caminando por la calle ocho cuando cientos de gatos negros aparecieron, se me tiraron y arañaron muchas partes de mi cuerpo. Me los quité de encima, corrí y entré a una casa abandonada. Cuando ingresé cerré la puerta, dejando afuera a los fieros animales. Al rato decidí salir del lugar, pero la puerta no se dejaba abrir. De pronto sentí muchos chuzones en varias partes de mi cuerpo mientras oía varias risas macabras. Gire hacia atrás y la poca luz que había en el sitio me permitió ver a varias  brujas de cabello negro y sucio, nariz muy larga y dientes podridos. Noté que ellas en sus manos tenían agujas. Ellas siguieron punzándome mientras yo sentía mucho dolor y de mi cuerpo brotaba gran cantidad de sangre. Traté de nuevo de abrir la puerta para salir, y no fue posible. Grité, pero nadie me oyó. Las brujas desaparecieron y todo quedó en silencio.
Siguieron varios minutos de terror porque no sabía qué tortura seguía. De pronto sentí un gran ardor en mi espalda, volteé y vi a las brujas quemándome con llamas de varias velas mientras ellas reían diabólicamente. Trate de arrebatarles las velas de sus manos, pero ellas lo evitaron y quemaron mis manos. Las llamas de las velas incendiaron mi camisa y entonces yo desesperado me la quité y la tiré al piso. Luego llegaron más brujas, las cuales me trataron de estrangular. Traté de zafarme, pero no fue posible porque ellas eran muchas.
Como yo ya no tenía la camisa puesta, las brujas vieron que yo tenía colgado de una cadena del cuello un símbolo mágico de poder, hecho de metal, que yo cargaba para protección energética. Ellas gritaron asustadas, se convirtieron en gatas de nuevo y desaparecieron. La puerta ya sí se dejó abrir y entonces salí de la vieja casa. Más tarde en el hospital, cuando le conté a la médica lo que me había pasado, ella se rio de mí y dijo que no me creía. Para sorpresa mía, cuando la doctora me acabó de atender, ella se convirtió en una gata, atravesó la pared y salió del cuarto del hospital.

Seudónimo: Oskar

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