domingo, 30 de julio de 2017

149. HIJO DE HOMBRE. De Zonco Diaz


Él era el mayor de sus hermanos y el único que aún respiraba sobre la tierra gris. Simplemente se murieron: los cocinaron en calderos en las tierras bajas, los degollaron en emboscadas, se ahogaron en la gran inundación, los violaron y les sacaron las vísceras. Parecía aterrarles la idea de morir siendo viejos. El último murió hace dos años, cuando él se junto con María y tuvo que salir, una noche de tormenta, a enfrentar a las sombras que se abatían en la oscuridad.
Mientras corría tras una sombra, agitando su machete y gritando como un loco, sintió los gritos desgarradores de María dentro del rancho. Todo había sido una trampa. A María la violaron, le abrieron el vientre y le sacaron a su hijo no nacido para devorarlo delante de sus ojos. Después a ella le cortaron la cabeza y se la llevaron al Señor como prueba de lealtad.
La llegada de su hijo se dio en el peor momento. No tendría que haber muerto, pero sucedió. Un verdugo sin rostro fue el último en pronunciar el nombre prohibido del no nacido para borrarlo para siempre del libro de la vida. Con su muerte comenzó a agonizar la historia de la humanidad. No debería haber muerto, pero sucedió: un descuido divino. A él lo llevaron ante el tribunal de la noche. Lo ataron a la cama de piedra y lo ejecutaron en el ritual reservado a los hijos del hombre. Cuando el destello del filo del hacha se confundió con el brillo de las estrellas, él cerró los ojos y, mientas esperaba el ardor filoso seccionando su cabeza, balbuceó las palabras que permanecieron sepultadas en la conciencia del hombre durante tres milenios: "¿Padre: por qué nos has abandonado?"

Seudonimo: Zonco Diaz

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