domingo, 30 de julio de 2017

158. LA HAMBURGUESA. De Francisco Inchausti


Ni siquiera cerró el coche. Estaba hambrienta. Salió del garaje con la bolsa en la mano, segregando una cantidad ingente de endorfinas. Caminó a paso ligero hacia casa, con la lengua fuera y la saliva derramándose por sus antebrazos. Podía saborear la comida sólo con pensarlo. Se relamía. Esos momentos previos le excitaban muchísimo.
Fue directa a la cocina. ¡Diantres! Se le había olvidado que estaba en el futuro. En esa época no existían cocinas. Fue a la sala de ingestas. Conectó el aire-antigravedad y se acomodó en el techo.
Tenía la bolsa en sus manos. "Voy a comer como si se acabara el mundo", pensó antes de abrirla. Pero dentro sólo había un botellín de agua.
-¿Qué? ¿Qué? ¡Qué es esta mierda! ¿Y mi burguer? –exclamó rabiosa.
Llamó a un amigo. Por telepatía, como hacía todo el mundo en el futuro.
-¿Jose? Soy Eva. ¿A que no sabes qué me ha pasado? Tenía antojo de hamburguesa y he parado con el coche a comprarme una. Pues al llegar a casa resulta que en la bolsa sólo había un botellín de agua.
-Impresionante.
-¿Verdad que sí?
-No, se lo decía a Tina por la otra línea telepática. Una amiga que tengo en 2016 y que me estaba enseñando un reloj de cuco de su época. Perdona, Eva. ¿Qué me decías?
-¡Lo de mi hamburguesa!
-Ah, sí. ¿Por qué no pides otra?
-Olvídalo. Estoy en pijama, tengo el coche en el garaje y sólo me ha costado 300 euros. Además, ahora tengo antojo de otra cosa.
-¡Eva! ¡Que aún no has cerrado el hilo telepático! ¡Te estoy viendo los pensamientos!
-¡Perdón! Lo siento, ya cuelgo. ¡Tengo que acostumbrarme al futuro!

Seudónimo: Francisco Inchausti

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