domingo, 30 de julio de 2017

160.LA CABRA SACRIFICADA. De OrtegaPliz


Sabía que no debíamos cruzar el umbral, pero nuestro ánimo de sentirnos invencibles nos volvió inconscientes, ¿además que podía pasar? , era la vida real y en la vida real nunca pasa nada, Adriana saco un viejo libro que había encontrado en la casa de su abuela,  en la portada decía "la cabra sacrificada" junto con una advertencia escrita a mano: "las puertas del infierno siempre deben permanecer cerradas", la verdad es que nos causó gracia tal advertencia, lo abrimos a fin de cuentas era solo un libro, letras impresas en hojas de papel… La primera imagen que vimos fue el rostro de una cabra  el cual expresaba rabia, la mirada de aquel dibujo era penetrante, una sensación escalofriante recorrió mi cuerpo,  al pie de página estaba escrito "hay historias que jamás deberían ser contadas, pobre de ti si estás leyendo esto ahora, porque entonces ya estarás maldito". Esto es una tontería dije, creo que deberíamos dejarlo ya, ¿Tienes miedo? Comento  Adriana, ¿qué puede pasar? Es solo un  libro... Está bien respondí , no quería parecer tonto, Adriana tomo el libro y lo leyó en voz alta, el libro contaba una antigua historia sobre la primer cabra que fue sacrificada como tributo a Dios , se contaba en primera persona , era como si la cabra de alguna forma nos contara el infierno que vivió en aquellos días , era tan grafica la descripción que  sentimos nauseas , era increíble que un hecho tan simple se pudiese  proyectar con tal magnitud y en el último suspiro de aquella cabra  lanzo una maldición , entre bramidos  una voz humana surgió de  ella  aterrando al hombre que hacia el sacrificio " maldito seas hombre ignorante , maldita tu descendencia y todos los de tu especie, mi alma se quedara contigo para torturarte hasta el último de tus días", las siguientes hojas eran muchos rostros de personas , Adriana soltó un grito ahogado  al darse cuenta que en las últimas páginas de aquel libro eran nuestros rostros los que estaban ahí…Al siguiente día encontraron nuestros cuerpos , habíamos muerto, mientras que nuestras miradas expresaban un terror indescriptible.

Seudónimo: OrtegaPliz.

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