domingo, 30 de julio de 2017

162. LA MÚSICA DEL FLAUTISTA. De José J.


"¿Habéis oído hablar del Flautista?", y el silencio se apoderó de la abarrotada taberna, como si las animas se hubiesen presentado de imprevisto en el Hidalgo Porcino. Realizar esa clase de preguntas solo probaba las maliciosas intenciones de quien profería tales cuestiones o una absoluta ignorancia por su parte. Por aquellos lares todos conocían a ese demonio profundo y su melodía seductora, de timbre penetrante y mordente, llegado del otro lado de las grandes aguas, monstruo embaucador de moribundos y afligidos. "¿Qué interés perverso podría tener un extranjero en esa maldición viviente?", le preguntó el temeroso tabernero. Y el extraño viajero le dio un trago a su cerveza, como si solo estuviera pasando el rato y no acabara de perturbar los corazones de todo el pueblo. Miró a su alrededor y vio que todos le observaban, consternados y expectantes por la respuesta que pudiera dar. El extranjero profirió una sonrisa tan aterradora que heló la sangre de los allí presentes. "Me gustaría aprender su música", respondió el viajero. Los enfurecidos paisanos se levantaron de sus mesas, gritando, insultado, maldiciendo, y cuando iban a prenderle, una brisa retorcida irrumpió en la taberna y las llamas de las velas se disiparon. Una espontanea entidad apareció en medio de la revuelta. Todos enmudecieron ante la presencia del demonio y se postraron a sus pies. Un aura oscura envolvía al Flautista, privándole del color, como  una sombra hecha carne. La criatura escudriñó en los ojos del viajero, como un lobo en el bosque. "Si de verdad quieres aprender, deberás esperar. En tú lecho de muerto, allí me encontraras". Y el músico demoníaco se desvaneció, como un suspiro entonado.

Seudónimo: José J.

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