lunes, 31 de julio de 2017

169. IMPERTINENTE Y SIN SÁBANA. De Viernes


– Has cambiado de champú –susurra en mi oído mientras acaricia mi nuca.
Y yo tengo un escalofrío que no solo puedo atribuir al miedo.
– ¿Escribes otra vez sobre mi? –pregunta, con satisfacción mal disimulada en su voz.
Me vuelvo para mirarle, está centrado en mi relato.
– Es bonito –Me sonríe, dejando a la vista su colmillo torcido– ¿Cuántos van ya?
Muchos. Ambos lo sabemos. De amor, de desamor, de lujuria, de venganza, de odio.
– Puedes hacer una recopilación y venderlos, te vas a hacer rica a mi costa.
No puedo evitar romper a reír. Rica escribiendo. Él se sienta en mi escritorio.
– ¿Por qué no? Tienes talento. Y yo soy un tema apasionante.
Qué ganas de abofetearle. Qué ganas de besarle. ¿Cómo pudo tener ese estúpido accidente y dejarme huérfana de él? Señala con la cabeza a mi portátil.
– Es bonito, pero no soy yo.
Y quiero destruir el relato: derramar un frasco de tinta, hacer trizas el papel. Pero escribo a ordenador y no voy a hacer ningún gesto dramático que lo destroce solo porque me provoque un fantasma petulante.
– ¿Cuando te vas a ir? –pregunto exasperada– ¿No deberías continuar tu camino?
– Sí –la tristeza nubla su mirada–. Pero no puedo. Sigo anclado al mundo.
– ¿Qué necesitas para liberarte?
Se inclina hacia mi, y susurra en mi oído con su aliento gélido:
– Que me entiendas.
Desaparece, dejándome envuelta en escalofríos y recuerdos.
Y sigo escribiendo y escribiendo, tratando de comprender a ese extraño hombre que tanto me importó y al que nunca entendí.

Seudónimo: Viernes

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