lunes, 31 de julio de 2017

172. REALISTA. De J. T. Brevius


–Pero dejate de joder… ¿Que son esas boludeces que decís? Mirá si las cosas van a existir solo porque las pensamos… Las cosas existen y punto.
–No, lo que te digo es que cómo podemos estar seguros… no sé… de esta mesa, por ejemplo.  Nosotros estamos sentados acá, tomando un café, en este bar. Pero esta mesa donde nos apoyamos, ¿estuvo siempre acá? O, ¿está ahora y tiene esta forma porque nosotros la estamos pensando? Fijate. Tiene su lógica: las cosas, tal vez, solo existan mientras un ser racional o cognoscente se las figura. Por ejemplo, si dejamos algo en una habitación vacía y nos vamos, esa cosa ¿se queda ahí? ¿Existe mientras no nos acordamos de ella?
–Pero mirá que sos un grandulón boludo. ¡Las cosas desaparecen si no las pensamos! ¡Dale! Ahora me vas a decir, que solo cuando pienso en el taxi, este aparece y existe… ¿Y por qué a veces llegas tarde porque no pasa un puto taxi? ¿Eh? Dale, decime. Las cosas existen porque existen y punto.
Con esa frase absoluta, un hombre, da por acabada la cuestión filosófica, mientras toma un café. Luego da una clase magistral de los más diversos temas: football, política, economía… Y en dos horas y media de charla soluciona todos los problemas del mundo.
<<Este Carlitos, se fuma algo y empieza a decir pavadas>> piensa mientras se acuesta el docto caballero que resolvió la disputa del Realismo y el Idealismo. Esa noche durmió muy bien y tranquilo, pero todos se olvidaron de él y desapareció.
Ergo, se había equivocado.

Seudónimo: J. T. Brevius

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