lunes, 31 de julio de 2017

180. LIBERACIÓN. De Satta


–La brevedad… esa es la vida; es un cigarrillo en combustión. Nos consumimos en el fuego abrasador del tiempo, y lo que queda es humo y cenizas. Vida miserable y maldita. ¿Qué es lo que haces tú? –preguntó Cleveland. Luego dio una fumada al cigarrillo y apuró su cerveza.
–Sólo soy el espectador del mundo, además ¿qué quieres que haga? Ya he hecho todo –respondió Dios.
–Pensé que dirías eso –dio otra fumada y bebió otro trago. El sol se ocultaba progresivamente. – ¿Qué me dices de la muerte?
–La muerte es la finitud de la carne, mas no la del espíritu –y Dios miró hacia la ventana para ver el último rayo de sol de aquella tarde.
–Tú que has hecho todo… yo lo destruiré. Tú que has creado esta vida… yo la terminaré
Cleveland dio el último trago a su cerveza, luego se levantó y blandió un revolver. Puso el cañón del arma sobre la cabeza de Dios.
– No has vivido la muerte. –Dios no se inmutó.–Lo único que no has hecho es morir.
Cleveland jaló del gatillo y el proyectil impactó el rostro divino. Luego, una figura resplandeciente se irguió sobre el cadáver; era Él, brillante como el sol. Cleveland apuntó una segunda vez y disparó. Fue un sonido formidable, la imagen se hizo pedazos.
Cleveland se asomó por la ventana, una corriente de aire le dio en el rostro; tenía el aroma de la libertad, él lo sabía.
Pensó: "la vida ha cambiado, la muerte no existe más." Y luego, dio la última fumada al cigarrillo.

Seudónimo: Satta

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