domingo, 9 de julio de 2017

73. EL VALLE DEL EMBOLSADO. De Chamánico


En el Perú, más cerca del cielo que de la tierra, existe un valle acurrucado en la serranía: el Valle del Embolsado. No figura en los mapas y su acceso es tortuoso. Allí llegamos por azar con las últimas luces de un rojo atardecer. Tres éramos los de la partida. Tres jóvenes más imprudentes que valerosos. Nos habíamos propuesto conocer los restos dislocados del antiguo mundo incaico a través de rutas no frecuentadas. Pero tras cuatro días de vagar perdidos y famélicos por la montaña, dar con aquel grupo de viviendas miserables fue para nosotros como avistar un espléndido reino de El Dorado.
En el valle se nos recibió con entusiasmo. De hecho, había mucho jaleo, pues se celebraba "La Fiesta del Embolsado". No hicimos indagaciones al respecto. Nuestra única prioridad era conseguir alimento y techo. Y así fue que, luego de concertar un precio razonable, nos dimos a comer, beber y mascar coca a capricho. Tanto que, momentos después, estábamos demasiado locos como para lograr pegar un ojo. Los voceríos de los festejos, por contraparte, eran ensordecedores. A pedido nuestro, fuimos guiados hasta el epicentro de la celebración. ¡Extraño divertimento! Se trataba de dar puntapiés a un costal de peso considerable. No obstante, las patadas eran tan surtidas que había gran revoleo. Repartimos puntapiés como el que más, hasta quitarnos toda la locura de la bebida, de la yerba y las angustias de los últimos días. Cuando todos quedaron exhaustos, el que parecía liderar los festejos tomó la bolsa en sus manos, y, luego de desatar las cuerdas que la anudaban, arrojó sobre tierra el contenido.
Ahora bien, cada mes, mediante sorteo, se escogía a un miembro de la aldea al objeto de servir de entretenimiento en la Fiesta del Embolsado. Se lo metía vivo en un saco y allí comenzaba la brutal celebración. Esto es, que lo que aquella noche vimos verterse ante nuestros ojos horripilados, bajo un cerco de antorchas y el estruendo de mil aclamaciones y aplausos, fue la papilla formada por la carne, los huesos y demás despojos del infeliz embolsado al que acabábamos de moler a puntapiés.

Seudónimo: Chamánico

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