lunes, 10 de julio de 2017

77. LOS INTRUSOS. De Sombra


No quiero cerrar los ojos, pero los párpados me pesan mil toneladas. Me escuece hasta el último milímetro cuadrado de cada esclerótica y sé que las tendré inyectadas en sangre, igual que las de Christopher Lee cuando se convertía en Drácula. Pero no puedo cerrarlos. No debo.
Lucho contra las cincuenta horas sin dormir que acumulo, aunque sé que es una batalla perdida de antemano. ¿Cuánto más puedo soportar? ¿Otras diez horas? ¿Quizás veinte? Pronto comenzarán las alucinaciones y, entonces, estaré perdido. Ya no distinguiré entre lo que es real y lo que es imaginario. Y no podré seguir manteniendo a raya a esos cinco seres que me acechan, al final del oscuro pasillo que comunica mi habitación con la sala de estar. Seres extraños, de unos dos metros, delgadísimos, por lo que alcanzo a vislumbrar en la penumbra del tercer anochecer de mi sitio. No les veo los ojos desde aquí, pero sí sus enormes bocas erizadas de dientes, que lanzan destellos en las sombras. Creo que me queda poco tiempo.

Seudónimo: Sombra

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