lunes, 10 de julio de 2017

79. EL MUERTO. De José Solares


Juan no sabía nada, trató de recordar algo, se esforzó realmente, pero nada venía a su mente, intentaría buscar una respuesta, iría a preguntar… Alguien podría ayudarle. Sin embargo, cuando trató de moverse intuyó que algo grave le había sucedido… No podía. Sus ojos a lo mejor sí se movían porque alcanzaba a ver algo de lo que tenía a los lados, pero no podía cerrarlos y la sequedad se estaba volviendo insoportable. ¿Era de noche? Parecía ser de noche, las sombras lo cubrían todo… O estaba encerrado.
¿Había total silencio o él se había quedado sordo? No podía escuchar ni el viento, ni una voz, ni el insignificante ruido de los insectos que solía escuchar por la noche en su casa. Aquel silencio le hacía sentir hueca la cabeza y la soledad le parecía cada vez más inmensa.  La nariz estaba picándole, o sólo lo estaba imaginando, pero no podía moverla. Empezó a sentirse triste, vacío, incompleto. ¿Qué le faltaba? No lo sabía, Juan no sabía nada. Ya no importaba, porque cada vez se sentía más vacío, más muerto. 
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La niña estaba muy cerca, su madre alcanzó a tomarla del brazo y tirar de ella a tiempo antes de que pateara la sangre pegajosa que rodeaba el cuerpo. - ¡Cuidado, hija, no patees al muerto!

Seudónimo: José Solares

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