miércoles, 12 de julio de 2017

85. EL ARMA DE CHÉJOV. De Harry Haller


En una habitación desconocida se halla un hombre. La habitación no tiene puertas ni ventanas. En su centro hay una mesa; sobre la mesa hay un revólver. Aturdido, nervioso, el hombre escudriña la estancia en busca de una salida, de una suerte de salvación oculta, sin éxito. Se lamenta. Grita, en un primer momento, pidiendo auxilio; luego, de manera irreflexiva. Se desespera. Llora.
Transcurre un tiempo indefinido. El hombre se calma. Divaga. Juzga su situación imposible; se convence de que todo es un mal sueño. Realiza movimientos erráticos en derredor de la mesa, en silencio, la mirada fija en el revólver. Advierte que el oxígeno se agota. Recuerda el precepto del «arma de Chéjov». (El arma de Chéjov es un principio dramático que determina que cada elemento de la narración debe desempeñar una función expresa y necesaria, o de lo contrario ha de ser eliminado. Su autor lo expresó así: «Si en el primer acto tienes una pistola colgada de la pared, entonces en el siguiente debe ser disparada. Si no, no la pongas ahí.»)
El hombre se complace en su razonamiento. «El revólver es el arma de Chéjov.» Llega a la conclusión de que si lo dispara, despertará. Coge el revólver. Amartilla. Deduce que el disparo debe tener un objetivo: se apunta a la cabeza. Respira. Aprieta el gatillo…
No ocurre nada. El tambor no tiene balas.

Seudónimo: Harry Haller

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