jueves, 13 de julio de 2017

86. PANICO EN LA NOCHE. De Ginebra


El hotel parece cómodo, la habitación espaciosa, el baño limpio y la temperatura agradable. La jornada de trabajo ha sido agotadora con reuniones interminables. Deposito la maleta y me tumbo en la cama en busca del merecido descanso.
En algún momento de la noche siento una presencia indefinible, no estoy sola; la puerta está cerrada, ¿por dónde ha entrado?,¿quién es?. Se acerca a mí una sombra, oigo su respiración pausada, no tiene rostro. Sumida en una oscuridad absoluta mi mano intenta activar el interruptor de la luz; imposible lograrlo, se encuentra paralizada al igual que el resto del cuerpo. Quiero gritar, abrir los ojos, pero mis párpados permanecen cerrados como losas. No consigo emitir ni siquiera un débil hilo de voz. El se acerca sigilosamente, ¿qué me va a a hacer?. Me invade una angustia inmensa, el miedo se torna terror. Que alguien me ayude: ¡¡Socorro¡¡¡.Quisiera llorar, no brotan las lágrimas. Huele a algo indescriptible , entre embriagador y repugnante. Reúno toda mi fuerza y energía pero no puedo expresar y actuar, sólo pensar. Impotencia. Indefensión.
Se acerca más. Llega a mi lado. Sólo queda claudicar, rendirme. ¿me va a doler’. He perdido la batalla. Me someto, estoy a su merced. Las defensas se desvanecen. Derrotada, me resigno a morir, triunfa El Otro.
Me incorporo sobresaltada, ha sonado el despertador. Estremecedor silencio. Todo está en su sitio. Una rendija de luz anuncia el amanecer. Respiro aliviada, un temblor incontrolable recorre mi cuerpo. Lentamente recupero el control.
Al franquear la puerta, maleta en mano, recorro con la mirada la estancia y sonrío. Todos mis fantasmas se han confabulado esta noche. Me propongo firmemente no volver nunca más a este céntrico hotel.

Seudónimo: Ginebra

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