viernes, 14 de julio de 2017

89. LA CRIATURA. De La sirena


El agua está fría y es salada. Todo ante tus ojos es una oscuridad densa y opaca. Sobre tu cabeza la luna se refleja sobre la superficie del mar en calma y alguno de sus rayos más valiente traspasa el agua y roza tu espalda. Pero tú no puedes verlo. Tampoco puedes sentirlo. Todo se ha reducido a esos ojos oscuros como el fondo del océano que te miran. El rostro que tienes delante sonríe y en vez de dientes de madreperla ves colmillos tan brillantes como la luz de la luna por encima de vuestras cabezas. Sus ojos profundos como fosas submarinas no sonríen. En ellos no brilla nada, ni siquiera se refleja el miedo y la emoción que destellan en tus propias pupilas. Tiene sujeta tu cara con dos manos más frías que el agua y uñas más afiladas que su sonrisa. Se inclina hacia ti, y su beso es húmedo, frío, viscoso, sabe a sal. Juega con tu lengua y parece querer arrancarte el alma por la boca. En ese momento despiertas del hechizo y un rosario de burbujas huye hasta la superficie en forma de grito ahogado. Te parece oír a los hombres maldecir y gritar que te has caído del barco. La criatura que ya no te parece tan hermosa sonríe y se te hiela la sangre. Te coge de la muñeca con su garra y comienza a arrastrarte hacia el fondo del mar. Su cola larga, oscura y flexible te roza la cara y las burbujas huyen de tu boca conforme descendéis. Poco a poco los rayos de luna y los gritos de los hombres quedan atrás, y todo se reduce al ardor de tus pulmones, lo mucho que aprieta tu mano la sirena y la oscuridad que comienza a envolverlo todo.

Seudónimo: La sirena

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