sábado, 15 de julio de 2017

92. MAI NDOMBE. De Alvaro


Patrice arrugaba su anciano rostro escrutando el camino entre los gigantescos manglares que dormían la angustiosa humedad de la selva. Su oscura leyenda entre la tribu de los nteke se extendía más allá del lago Tanganika, hasta donde llegaban las terribles historias de espantosas muertes que el brujo provocaba a sus víctimas. Con pócimas a base de raíces y hojas que solo él conocía era capaz de despojar del alma al más creyente o de hacer creer al más juicioso que era una bestia de la jungla para luego desaparecer bramando enloquecido en la verde espesura. Durante días se encerraba en su choza de adobe y techo de palma rodeado de cientos de amuletos, objetos sagrados, fetiches con poder sobrenatural para conjurar los males de ojo. Olores a incienso y oleos mágicos, a locura y muerte, animales disecados, calaveras, colgantes de semillas y dientes humanos atiborraban la estancia que nadie se había atrevido a visitar. Los vecinos corrían despavoridos a esconderse al sentir el crujido de las bisagras de su desportillada puerta antes de que su enjuta figura se dejase ver y dejara caer sobre ellos el poder de sus terribles gri-gri. Esa mañana esperaba paciente en la colina hasta que por fin divisó la vieja camioneta descendiendo entre las parcelas de mandioca. Con gesto solemne el brujo agitó hacia el cielo su amuleto de huesos de antílope y plumas de oca invocando todas las fuerzas del mal. Un ejército de furiosas hormigas inundó el interior del vehículo donde su víctima se ahogaba en un repentino olor a náuseas y muerte. El conductor perdió el rumbo para precipitarse a lo largo de la escarpada ladera. Al fondo, las aguas ensangrentadas del rio Kuango devoraron para siempre a la camioneta como habían hecho antes con muchos otros que habían osado desafiar al brujo. Hacía años que a aquel lugar se le conocía como Mai Ndombe, aguas negras. A menudo se veía a Patrice pasear por su orilla antes de que inexplicablemente no se volviese a saber nunca más de alguno de los vecinos de la aldea.

Seudónimo: Alvaro

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