domingo, 16 de julio de 2017

94. NUNCA TOQUES. De Alexander Cross


Dos chicos fueron a ver el museo, sin saber lo que realmente se escondía entre sus cuadros de suaves pinceladas y sus estatuas de buena talla. Estos jóvenes que solo iban al museo para pasar el día, empezaron a tocar las cosas, y como todo el mundo sabe, no se deben tocar las exposiciones de los museos, pues podrías despertarlas.
Separándose para ver mejor las cosas, Mario se acercó a una gran estatua de bronce y se sentó sobre sus hombros. La estatua despertó de su placentero sueño muy irritada. Alzó los brazos, agarró al chico y lo tiró al suelo. Bajó de su pedestal acercándose a Mario. Le sostuvo y lo levantó, abrió la boca de bronce mostrando unos afilados dientes. El pánico inundó al chico, inmóvil observó cómo la estatua lo introducía entre sus filas de dientes. Arrancó su cabeza, masticó y tragó. Despacio fue engullendo todo su cuerpo hasta que desapareció. Regresó a su pedestal cubierta de sangre.
Alfonso paseaba toqueteando los cuadros mitológicos del ala oeste. No vio las grandes cabezas de lagarto que surgieron de uno de los lienzos. Un gruñido le sobresaltó, al darse la vuelta no vio nada. Continuó andando por el pasillo vacío hasta volver a oír el mismo gruñido. Esta vez sí había algo detrás, una gran cabeza de lagarto de color gris violáceo. Alfonso corrió por el pasillo lo más rápido que pudo, pero la cabeza le atrapó. Entonces aparecieron otras dos cabezas más. Empezaron a pelearse por el dulce aperitivo que era el chico, despedazándolo a partes más o menos igual para que las tres cabezas de la Hidra de Lerma quedaras saciadas. Con manchas de sangre chorreando entre sus largos colmillos regresaron al lienzo del que habían salido.
Los chicos desaparecieron para siempre y jamás fueron encontrados, pues ¿quién en su sano juicio sabría verdaderamente dónde buscarlos?
Si tú no quieres acabar como estos dos insensatos, te recomiendo que guardes bien esas manos durante las visitas a los museos.

Seudónimo: Alexander Cross

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