lunes, 17 de julio de 2017

95. MI PERRA AMARILLA. De Munda


Nació con tres ojos, nadie excepto yo la quiso.  Fuimos muy felices, conversábamos por horas hasta quedarnos dormidas.   Cierto día, me miró con esa cara extraña de querer decirme algo. Se echó en el piso con la cabeza gacha.  Al día siguiente noté que le estaban saliendo alas en el lomo. Ella me miraba y sonreía en silencio.  Al pasar de los días, estas fueron creciendo y tornándose plateadas.
Un domingo muy por la mañana, se acercó a mi cama, me miró y ladró un adiós eterno. Se acercó a la ventana abierta, levantó el hocico, extendió sus inmensas alas y se marchó.
Hoy, es tres puntos amarillos en el infinito.

Seudónimo: Munda

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