jueves, 31 de mayo de 2018

18. EXTRAÑAMENTE. De Rinconete



Al despertarme, una serena frialdad se había apoderado extrañamente de mi cuerpo, pero noté que algo se agitaba ostensiblemente en mis entrañas.
Intenté incorporarme, pero me sentía fuertemente adherido, más bien clavado, a la cama.
Intenté gritar, pero algo áspero inundaba mi boca, y me era imposible emitir sonido gutural alguno.
Intenté adivinar qué estaba pasando, pero extrañamente mis pensamientos flotaban, aunque pesados, por parajes boscosos, acelerando mi desasosiego.
Recordé que a mi derecha había un espejo; pero me era imposible girar la cabeza. Aunque con muchos miedos, forcé la mirada hasta encontrarme con él, devolviéndome la imagen de una cama invadida de ramas pobladas de hojas y, sobre ella, un hombre de piel verdosa cuyo pijama a rayas se intuía entre capas de musgo, y de cuyos pies brotaban pequeños hongos de sombrero rojizo.
Ese hombre miraba asustado hacia el espejo y éste me repetía que ese hombre era yo.
Entonces, lágrimas verdes empezaron a fluir de mis ojos, y antes de cerrarlos pude ver con horror como una flor de hojas azules empezaba a asomar extrañamente por mi boca.
Seudónimo: Rinconete

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