jueves, 24 de mayo de 2018

7. LA ESPADA DE LA LUZ. De Gilglin



Belen peleaba con fiereza junto con su compañía. La vanguardia había sido arrasada cuando, peleando contra Grunt el señor de los ogros, su mellada espada se estrelló tras un golpe del temible martillo del ogro. La esperanza de las tropas estaba casi perdida después de que la espada de Belen cayera hecha pedazos. El ogro intentó aplastar la cabeza del bienaventurado cuando un fuerte estallido lo lanzó por los aires, dando paso a una ráfaga de luz dorada que, abriéndose paso entre las nubes, descendió hacia el quebranto y la desdicha. Era la espada sagrada Isilaith, un regalo de los dioses y una antigua arma legendaria forjada por los ángeles. La plateada hoja se postró ante el exhausto campeón, quien la empuñó urgente y, apuntándola al cielo con restaurada fuerza, volvió a la batalla. De la espada surgió una brillante luz que envolvió su cuerpo en una llamarada tan refulgente como una estrella en el devastado campo de batalla, su aboyada armadura también se inflamó con la luz del cielo despejado y sus ojos resplandecieron como astros en un amanecer temprano. Sostenida con fuerza por sus manos, Isilaith dejaba una línea dorada en el aire. El campeador parecía un relámpago, la encarnación misma de Kur'Uxané, el dios guerrero, corriendo hacia las filas de los perversos adversarios. Detrás de él sus aliados yacían, entre mares de sangre y dolor, batallando contra la muerte. Al llegar ante el temible ogro, Belen se alzó valioso entre las filas del oponente. El inmenso Grunt se estremeció ante la valía del guerrero inquebrantable, alzó su grueso martillo de metal oscuro y, dando golpes tan rápidos que los brazos le parecían flaquear, luchaba por su vida pero sus ataques no eran nada contra el campeador intrépido que al esgrimir una sola vez la espada dorada, parecida a una llama danzante entre las tropas asustadas, le cortó la cabeza al gigante maligno. Dándole así fin al temible Grunt. Los soldados enemigos, al contemplar asustados la muerte de su rey y con tan sólo ver la bravura del guerrero impávido huyeron al bosque mientras el cielo cantaba la victoria del bravo adalid llamado Belen, Cid de Sanduya.
Seudónimo: Gilglin

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