domingo, 3 de junio de 2018

24. VÓMITOS. De Yubarnina



Movido ora por una clara intención de hacer el mal ora por un esfuerzo sobrehumano tendiente a evitarlo, eso nunca se sabrá con certeza, el viejo se levantó de la silla, llegó justo hasta el centro del bus en que viajaba, se agitó como si estuviera poseído por un demonio y en un estertor repentino y brutal vomitó una montaña gris espesa y pegajosa que en un santiamén cubrió el vehículo y sepultó vivos a todos sus ocupantes. Un día después, el forense que realizó las necropsias de las víctimas de este suceso insólito extrajo un bebé de la panza del viejo. Al cabo de la palmada en la nalga, en lugar de llorar como es de rigor, el bebé convulsionó y vomitó su propia cadena montañosa y repugnante la cual sumergió a todos los habitantes de la ciudad. Meses más tarde, un voluntario de la defensa civil rescató el cadáver del bebé de la zona de la tragedia y extrajo de su boca un pajarito azul. El avechucho, una vez en libertad vomitó más y mejor que su padre y su abuelo juntos, en ráfagas funestas e ininterrumpidas de material radioactivo, en andanadas cortas de consecuencias letales e imprevisibles. Tan cortas y tan concisas que nunca traspasaban los ciento cuarenta caracteres.
Seudónimo: Yubarnina


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