jueves, 7 de junio de 2018

28. EXTRAÑO REFLEJO. De Inconexa



Alejandra se miró en el espejo y sacudió la cabeza. Algo no estaba bien. Limpió el cristal por si estaba sucio. No, no era una distorsión producto de un espejo empañado. «Estoy demasiado cansada», pensó, metiéndose en la cama a dormir. En la mañana corrió al baño y se espantó al ver que su piel era oscura y sus ojos azules parecían casi negros. Pero esto solo se percibía cuando miraba su rostro de soslayo. Si enfocaba su vista, todo se veía normal.
Se obsesionó con  contemplarse en cuanto objeto reflectante hubiera a su paso. Se miraba en las ventanas, espejos, y hasta en el monitor apagado de su computadora. Y sí, era ella, pero no era ella al mismo tiempo. Empezó a temer por su cordura al percibir gestos que no le eran propios. Mas  no alcanzaba a verlos de frente. La intrusa se esfumaba apenas ella fijaba la vista en su imagen. Era como si, la otra, notase que ella la estaba observando.
De noche no podía dormir sintiendo que tenía a alguien más dentro. Pronto comenzó a tomar sedantes y a mezclarlos con alcohol.
«Tomarme una fotografía de frente, eso tengo que hacer», se dijo.
Sus manos temblaban cuando miró su teléfono móvil para ver la selfie que  se había sacado. El celular cayó al piso astillándose parte del cristal. Claramente se veía la cara de la intrusa de piel oscura, de su rostro ya no quedaba nada.
Con un trozo de vidrio comenzó a cortar sus ojos, su boca, su cuello. Gritaba a la vez que seguía mutilándose. Cayó al piso en medio de un charco de sangre.
— ¡No sé que le pasó! Escuché gritos y llamé al 911. Con esa piel tan blanca y esos ojos azules, aún muerta sigue siendo bella —dijo una vecina a los policías.
Seudónimo: Inconexa

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