viernes, 22 de junio de 2018

40. SOPORTANDO LA MONTAÑA. De Mordkan



La mala relación de Entalack con Asnepsïs era la comidilla entre los otros enanos. Ahora, atrapados bajo la montaña, había que hacer de tripas corazón y colaborar para encontrar la salida. Él, de nariz ganchuda, pelo rojizo aunque algo canoso, estaba cansado de ahondar en la tierra en busca de tesoros, pero se le seguía iluminando la cara al ver pepitas de oro. Ella, sin embargo, era joven, no contaba ni con medio siglo a sus espaldas, de cabellera negra y rizada, piel tersa y afeitada, de brazos tan grandes como los de su compañero de desventura. -Te digo que es por allí, ¿acaso no oyes el viento? – Repetía Entalack por décima vez. La caminata por los túneles, que aún se mantenían en pie, se había estancado en cuanto encontraron una bifurcación. Ella, acariciando la piedra, defendía la postura contraria. -¿Oír? ¿Tú? No me hagas reír viejo. Además, para que oír si puedo palpar la fría roca.- Las frases se repetían, aunque cada vez más adornadas con insultos que abarcaban la inteligencia, la experiencia, el sentido de la orientación, el aspecto físico…y fue en ese momento cuando Asnepsïs, cansada de escuchar barbaridades sobre su figura, alzó el pico para insertarlo en el cráneo del viejo enano mientras soltaba un alarido que bien podría haber despertado a los demonios del centro de la tierra. En medio de su avance enloquecido, el techo se desprendió quedando aislados el uno del otro. Entalack, después de toser varias veces a causa del polvo, vio  luz sobre su cabeza, pero se lanzó con el pico a escavar en la tierra suelta para llegar hasta Asnepsïs a la vez que gritaba su nombre. Sus compañeros desde fuera habían causado el desastre para crear una salida por la cual sacarlos. Abrieron hueco y lo vieron picando. Pidió ayuda para ir más rápido, pero con el ruido no escuchaba lo que sus camaradas le decían. Al final se dieron por vencidos y lo sacaron a la fuerza. Mientras lo subían, él no había cesado en sus alaridos hasta que al final la vio, con la cara ensangrentada, sujetando un paño que apoyaba sobre la ceja izquierda. El viejo gruñón se deshizo de su rescatador de un empujón y corrió hacia ella fundiéndose en un abrazo.
Seudónimo: Mordkan

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.