martes, 3 de julio de 2018

46. CENTAUROS. De Toni Figuero



Guardaban la cabeza de mi hermano en el congelador de la buhardilla desde hacía casi tres años. Con la mía hicieron lo mismo aquella tarde de otoño después de un corte seco y preciso.
Las grapas en el cuello me molestaron al principio, aunque al cabo de unos días terminaron cayéndose prácticamente solas. Bastaron un par de curas de mi madre para que la cicatriz apenas se notara.
Ellos habían preferido siempre al mayor, pero el destino quiso que viviera solo catorce años; así que, desde que cumplí los doce, soy yo el que luzco su rostro con el flequillo rubio que tantas alegrías les dio en otros tiempos.
No he conseguido habituarme a ser esta especie de centauro. Mientras mi cuerpo sigue siendo el de siempre, en los espejos me encuentro con su mirada y su gesto espantado, como si fuera una gárgola.
Aún no pierdo la esperanza de volver a ser quien era, aunque últimamente nuestro hermano pequeño se ha convertido en un adolescente insoportable. Seguramente por eso mis padres lleven varios días subiendo a la buhardilla entre risas y cuchicheos.
Seudónimo: Toni Figuero

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