viernes, 6 de julio de 2018

55. TOMARÁ TU FORMA. De Cumber



Malena despertó sobresaltada de una siesta más agitada que reparadora. A su lado, donde debería dormir Marianito, encontró uno de sus zapatitos amarillos. Lo tomó, se levantó y comenzó a buscar a su hermano en las reducidas habitaciones de la humilde casa de campo. Nada. Tampoco encontró a Burco, el mastín oscuro que solía dormir en la vivienda cuando sus padres iban de compras al pueblo.
Se disponía a abrir la puerta del frente, cuando escuchó un ruido extraño que parecía venir del fondo de la casa. Con el zapatito amarillo todavía en una mano, salió al patio trasero del rancho y escudriñó desde el umbral: algunas gallinas paseaban en silencio, y un enorme gallo negro picoteaba los restos de un huevo roto que parecía sangrar. Las nubes se agruparon repentinamente, comenzó a oscurecer y a soplar un viento helado, que la muchacha sintió a través de su blusa sin mangas.  Llamó: "¡Mariano! ¿Dónde te metiste? Entra, está por llover y pronto regresarán papá y mamá. Se van a enojar conmigo". Al final del patio, algo se movía detrás del banco de hierro, bajo el enorme ciprés, junto al cerco de alambre. "¡Burco, salga de ahí!", ordenó Malena; pero el animal, en lugar de salir de detrás del banco, saltó detrás de ella chocándole las piernas y con un ladrido espeluznante que casi la tira al suelo: el animal había estado oculto en la cocina. Recuperándose del terrible susto, pero aún  agitada, comenzó a atravesar lentamente el patio en dirección al ciprés. Un rayo solitario partió el cielo, y caían las primeras gotas aisladas de la tormenta venidera, cuando la muchacha alcanzó el árbol y descubrió qué había detrás del banco: era Marianito con la boca llena de sangre y un zapatito amarillo en la mano derecha. Dentro del zapato había carne, huesos y trozos de piel: ¡había un pie humano! Malena, conteniendo la desesperación y casi sin voz, le preguntó: "¡Qué estás haciendo!" Por un instante, el rostro del niño pareció transfigurarse en el de una criatura demoníaca, con ojos deformes y una voz escalofriante que le respondió: "¡Estoy tomando su forma, y pronto tomaré la tuya!"
Seudónimo: Cumber

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