lunes, 9 de julio de 2018

61. EXTRAÑO. De Perkins



Sobre mi mesa de trabajo están dispersos, como siempre que me siento a ver que sale, una pila de páginas en blanco, un buen bolígrafo y la laptop por si necesito buscar algún sinónimo o hacer alguna consulta al diccionario de la Academia. Como sólo escribo de noche, también uso una lámpara con luz focalizada y cuello flexible. Por el ventanal que tengo frente a mí, veo la plaza desierta que abunda en sombras, apenas interrumpidas por los pocos faroles que arrojan una luz amarillenta.
Me pongo a escribir sobre un hombre que lleva una vida aburguesada. Él está solo en el living de su casa. Sentado en un sillón, fuma un cigarro. Se incorpora para servirse un vaso de whisky, y vuelve a sentarse en el sillón. Alterna las bocanadas de humo con la degustación de alcohol. Quizás por el ensueño en que se halla sumido, no advierte que alguien acaba de abrir la puerta de entrada con una ganzúa y ya se mete en la casa, pistola en mano.
Detengo mi escritura al escuchar un ruido que viene del corredor. No le doy mayor importancia.
–Ha de ser el viento que sacudió la ventana –me digo, y sigo escribiendo.
Al poco tiempo interrumpo otra vez el relato, y al levantar la vista descubro a un extraño que está a mi izquierda, apuntándome con su pistola. En una fracción de segundo hago la conexión entre el extraño sobre el que escribía y el que está parado frente a mí.
–Si busca dinero, está ahí adentro –atino a decir, señalando una caja de madera encima del armario.
El maleante sonríe, negando con la cabeza. No es dinero lo que busca, alcanzo a deducir, en el preciso instante en que oigo el disparo.
Seudónimo: Perkins

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